Descripción
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Ramón traza un camino poderoso, hecho de luz y de color. Sus fotos no son otra cosa que la estela brotada de ese movimiento, un ir y venir buscando el paso preciso por el mundo. Alucinado, Ramón capta cómo la materialidad que lo rodea cobra vida a través del color, porque es el color el que indica el rumbo, guía la mirada, enciende los demás sentidos y despierta a la memoria. Muchas veces pude verlo sumido en esa lógica lumínica (donde se entiende que el color es luz reflejada en nuestros ojos), una y otra vez: mientras me habla, su mirada navega por los diseños curvos y rojos de un azulejo en la cocina; cuando me saluda, su mirada se va en la remera verde de una señora que pasa; si me distingue a lo lejos en la calle, es el camuflado de mi campera lo que se mantiene prendido de sus ojos.
Ramón es tucumano y es por eso que Tucumán lo inunda y lo trepa como una enredadera, impregnándole la exuberancia de sus formas, la belleza honda y solapada, y una naturaleza que florece incansable más allá de cualquier aberración o posible artificio. La naturaleza de Tucumán es su propia naturaleza y Ramón lo ve. Pero las dicotomías teóricas no tienen efecto en su obra, natural y artificial son sólo circunstancias y sus fotos no son territorio de contradicciones, en ellas la multiplicidad convive y se complementa sin sentencias.

